7 de mayo de 2012

Blood Diamond Capitulo 02 [InooDai / Trishot]

: Ah~ POR FIN
: Girl is mine ~ Kis-my-ft2
: Frío~




Nombre: Blood Diamond
Autora: Uebo Hime
Pareja: InooDai
Formato: Introducción + Trishot 


Dedicado a Deni ♥ Gracias por ayudarme~ Te amo ♥

BLOOD DIAMOND
CAPITULO 02 


El cabello del más chico se mecía con el viento. No supo cuanto tiempo pasó de aquel día pero se hallaba sentado en las piernas de su compañero de trabajo, besándolo como si no hubiese un mañana.
Sus piernas al costado de las del mayor, sintiendo como sus miembros se erguían al friccionarse. El calor de aquel beso, la piel de sus pechos rozándose.

Si lo pensaba claramente habían pasado a penas semanas de su primer encuentro, sin embargo para Daiki aquel encuentro había sido hacía una eternidad, cuando su madre había colgado aquel diamante con las siglas de su amante en el cuello.
Sin embargo, ahora que rozaban sus labios y que se tocaban su pecho y cintura, podía sentir realmente que él era su destino. Sentía una conexión furiosa en sus corazones, casi galopante.

Estaban prácticamente haciendo el amor en aquel bosque desierto a las 3 de la madrugada, con el sonido de los grillos, sentados en un tronco de árbol que estaba caído.

— Romantiquísimo —pensó irónico.

Sin embargo para él era el mejor momento que tenía hacía mucho con alguien, Inoo… esa sonrisa, esos cabellos, esos ojos y su voz. Todo en él lo llenaban de regocijo.
Jadeó en medio del beso, algo asustado cuando el mayor metió las manos por dentro de su pantalón en la parte trasera y se dispuso a jugar con su entrada, metiendo un dedo por allí.

— ¡Ah! —saltó al sentirlo ingresar, de todas formas un gemido salió después de aquello sin poder siquiera evitarlo. Con nadie había pasado de simples caricias, pero con él, un casi completo desconocido…

No lo entendía, pero si Kei lo tomaba con sus manos y le decía “mátate”, lo haría sin dudas. Su voz lo seducía, lo invitaba, lo volvía… loco. Casi literalmente.

Luego de acabar recostado y algo agitado contra las hojas marchitas del otoño y su cabeza sobre aquella madera se quedó dormido, con el cuerpo de su amante sobre él.



Horas después, los latidos apresurados de su corazón lo despertaron, se aferró a aquel diamante en su pecho aún con los ojos cerrados y luego poco a poco los fue abriendo, encontrándose con la fría noche, y la luna iluminando su cuerpo desnudo y lleno del perfume de Kei.

Estaba solo. No había rastro de su amante allí.
Sólo estaba su ropa doblada al costado de su cabeza sobre ese tronco de árbol y una nota:

“Debo cumplir con tu destino”

Gimoteó cuando intentó moverse. Su cintura dolía.
Su esfínter ardía. Sin embargo, una sonrisa apareció en sus labios.


Comenzó a vestirse despacio, su cintura no le permitía moverse demasiado. Ardía… y mucho. Suspiró mirando la luna, y luego un palpitar extraño sintió en su corazón. El diamante brillaba fuera de su ropa, colgando de su pecho y cada palpitación la sentía más y más profunda a la vez que el diamante brillaba con más intensidad.

Lo apretó entre sus manos, cerró los ojos y comenzó a correr. Imágenes que no creía reales aparecían en su mente. Palabras, como muerte, y dolor se comenzaban a marcar en su pecho a medida que avanzaba por aquel camino de tierra, que soltaba un poco de polvo cada vez que sus pies apresurados avanzaban por el camino.
Al llegar a la puerta se detuvo unos instantes, colocando una mano sobre su muslo derecho, para recuperar el aire. Con su otra mano no dejaba de hacer girar el colgante en su pecho desesperado casi por el hecho de que el destino lo había guiado hasta su hogar a sabiendas de que algo estaba pasando allí.

Se acercó a la puerta abriéndola sin hacer ruido, lentamente, y apoyándose en ella de modo que solo se viesen sus ojos y cabello.

Lo que vio, hizo que su corazón casi se saliese de lugar y que sus manos taparan su boca queriendo reprimir un grito y un gemido de dolor que casi no puede evitar.

Un cuerpo estaba tendido en el piso, junto a un charco de sangre a su alrededor que iba tomando un camino lento hacía el otro lado de la sala, volvió la mirada al cuerpo, notando aquella estaca clavada en su pecho y un órgano a su lado, que si bien sabía era un corazón que aun daba pequeños movimientos. Subió más la mirada a los labios de ese cuerpo que irónicamente mostraban una sonrisa.

Pero la sonrisa no fue lo más escalofriante que pudo haber visto, sino aquel par de agujeros en donde debían estar los ojos, oscuros y sangrientos. Su propio corazón latiendo a un ritmo que no se comparaba al que había tenido al correr, porque cuando identificó aquel cuerpo, el grito ahogado en su garganta y sus propias lágrimas no parecían querer ser silenciosas.

Buscó con la mirada los ojos de su madre notando que estaban al lado de otro cuerpo, el cual no podía ver por completo debido a alguien más en aquel lugar, pero estaba seguro que era el de su padre.
No podía ver bien estando ahí, pero temía el adentrarse porque la amenaza que allí se encontraba no era tan sólo eso, era algo más que se negaba a sí mismo a aceptar.

“Vamos, es tu último desafío. Es lo último que necesitas para ganarte la eternidad”

— No puedo —escuchó al aire y no quiso responder, ya que al parecer no lo había visto—. No quiero lastimarlo, a Daiki… a mí Daiki…—esa voz. Le hacía trizas el corazón mientras lo veía quitarle los ojos a su padre sin dudar. Sus manos no temblaban, era como si hubiese estado haciendo aquello toda su vida, como si aquello sólo fuese un juego—… mi Daiki… —repitió.

Ahogó el llanto mientras lo escuchaba hablar.

“Ya lo has hecho querido, lo has enviado al infierno junto conmigo —el asesino escuchaba a aquel ser superior— Y si no lo haces… recuerda… ‘dolor con dolor se paga’”

— Pero le amo —le escuchó decir. No entendía con quién hablaba si allí no había nadie más.

“Créeme que él ya no lo hace… ‘Más sabe el diablo por viejo que por diablo’ ”

— No me diga eso señor diablo —dijo con la voz tiritando, fue lo primero en lo que notó que dudaba— No le mataré…

El cuerpo se le heló. ¿Hablaba de él acaso?… ¿Con el diablo?

“Lo que no mata envenena. Y lo que envenena… al fin y al cabo puede matarte a ti”

La puerta chirrió. El asesino giró su cuerpo para encontrarse con los ojos de quien no podía matar. De quien no quería lastimar, pero por luchar contra el diablo y ganarse la vida eterna, había hecho.
Su mirada lo penetraba, sus ojos oscuros invadidos del color rojizo del infierno, lo hacía pedazos.

Su destino.
Inoo Kei; de quien estaba enamorado.
Inoo Kei, el que había matado a sus padres.
Inoo Kei, quien lo había destruido.

Su destino, le había jugado una mala pasada.

Una muy mala.

15 de abril de 2012

I tear my heart open just to feel [YabuHika / Drabble]

: Pensé que ya lo había subido D:
: Nada ._.
: assdsd (?)






Nombre: I tear my heart open just to feel 
Autora: Uebo Hime
Pareja: YabuHika
Formato: Drabble (582 palabras)


Dedicado a AiAi ♥ Porque sé que le gusta este pairing, y a modo de disculpa (?) aunque se supone que todo está disculpado (I think)... Te amito♥♥




I TEAR MY HEART OPEN JUST TO FEEL






No sabía que pasaba por su mente, no sabía nada. Sus ojos se movían rápidamente de un lado a otro. Giraban en muchos sentidos, no podían dejar de moverse. Agitaba sus manos, pero estaba atado, imposible de soltarse, debido a la camisa de fuerza que portaba.

Gritó, pero nadie pareció escucharlo. Agitó su cabeza, quería alejar esos pensamientos, quería sacarlos fuera. Lo perturbaban, no lo dejaban vivir. Así fue como llegó aquí, gracias al deseo de querer morir sin su amado, lo atormentaba el no tenerlo.
Pero sabía que él no iba a volver y eso era lo que más dolía. Eso era lo que hacía que aquellos deseos sean cada vez más fuertes.

Él no concebía una vida sin él. Era imposible vivir pensando en lo que podría haber pasado, si le hubiera dicho “Te amo”. Si se hubiera dado cuenta de que de verdad quería amarlo. Si no hubiese tenido miedo.

Miedo es una palabra que siempre lo asustó valga la redundancia. Pero sí, lo tuvo… Y sin darse cuenta luego lo tuvo más cuando lo vio morir en aquella cama de hospital. ¿Por qué no le había dicho? ¿Por qué justo él tenía que estar enfermo? ¿Por qué el cáncer lo destruyó sin que él se diera cuenta? Su amor se había ido, su vida, su todo.


Y ahora estaba solo, encerrado como un loco. Es que lo estaba, desde que sintió su ausencia todo fue una locura.


Dejó de comer, dejó de salir, no atendió los llamados de su familia, no le abrió la puerta de su departamento a su madre.


Se acercó a la pared de la habitación y golpeó su cabeza contra ésta incontables veces. La golpeaba fuertemente pero nada pasaba, estás eran acolchadas y no le hacían daño.



Gimió de dolor, pero no por el golpe, sino por la frustración.
Quería estar con él, quería que donde fuera que él estuviera pudiera besarlo.
Quería demostrarle que lo amaba, que lo que él quería era su amor y no solo sexo.

Necesitaba sentir su cuerpo otra vez, rozarlo con sus dedos, hacerlo gemir.


Necesitaba decirle “te amo”.

Lloró y lo hizo como nunca antes, hasta que sus ojos se secaron y dejó de respirar.
Respirar no era necesario si él no estaba a su lado.


Murió de tristeza.


Sus manos se encontraron en algún lejano lugar. Los colores eran claros, se sentía tan bien estar ahí. Junto a él. Lo abrazó y comenzó a llorar bajito.

Le besó las mejillas y luego dio un pequeño beso en sus labios.

— Siento no haberte dicho “Te amo” —dijo el recién llegado. El menor agitó la cabeza negando con una sonrisa.
— Ya estás aquí, has venido por mí —le dijo tranquilo, apacible.
— ¿No crees que ha sido un poco tarde? —le murmuró entre sollozos.
— No lo creo, ahora sí podemos decir que nos amaremos por toda la eternidad —le acarició los cabellos—. Ahora ni la muerte podrá separarnos.
— Te amo Hikka —le dijo dejando más lágrimas caer. Su amado las secó.
— Yo también Kota —le dijo con una sonrisa y rió suavemente abrazándolo.


¿Dejar de respirar por amor es una locura? ¿Dejarse morir por amor es una locura? No si la persona vale la pena. No si sabes que nada sería lo mismo sin aquella persona. Y principalmente no es una locura, si estás destinado a estar por siempre entre las 4 paredes de un hospital completamente loco de amor.





1 de abril de 2012

Kill. Smile. [YabuHika / Drabble]

: No sé por qué me inspiró una pareja que no me agrada en plan romántico... xD
: Mukouki ~ Yamashita Tomohisa ♥
: Frío, calor, frío, calor ewe






Nombre: Kill. Smile.
Autora: Uebo Hime
Pareja: YabuHika
Formato: Drabble (537 palabras)


Ya que le gusta tanto, dedicado a mi CarolCaracol (?)♥ Te amito cosa ♥ En fin... lo piden lo tienen (?)


KILL. SMILE.







Me desperté sonriente, deseando verlo con todas mis fuerzas. Sonreí viendo ese elemento plateado en mis manos, brillante, reluciente. Tomé un elemento del mismo color mirando aquella inscripción que rezaba “until the end” y lo coloqué en mi dedo anular, para luego contemplarlo en todas las direcciones posibles. Coloqué el otro elemento en el bolsillo de mi chaqueta y relamí mis labios, sintiendo aquella sed que es imposible de saciar con agua.


Y los cuestionamientos llegaban a mi mente.

¿Lo haría?

¿Estaba seguro de querer hacerlo?

¿De verdad prefería caer tan bajo?

¿De verdad lo amaba?

Si lo amaba, ¿porque quería acabar con todo?


Apreté mis puños fuertemente. Tenía que hacerlo, debía hacerlo.

Estaba cansado, cansado de ser el que siempre soportaba el dolor, ser el otro, el que siempre tenía que ceder, el que tenía que soportar cada beso suyo con aquella mujer. Y yo lo amaba. Realmente lo hacía.


Pero ya no más. No iba a dejar que jugara conmigo. No iba a dejar que me hiciera gemir y las dos horas hiciera lo mismo con ella, no podía soportarlo.

Caminé las 30 cuadras que me alejaban de él a paso lento, demasiado lento.

Mis manos temblaban, esperaba que en ese momento no lo hicieran, ¿o si? No estaba seguro, pero... debía,… o eso creía.


Mientras caminaba aquellas cuadras empezó a llover fuertemente, mucho, a tal punto de estar empapado habiendo solo caminado la mitad de las cuadras.

Llegue y entré por la ventana, me conocía la casa de memoria. Sobre todo su habitación, la mesada de la cocina, el sillón y la ducha. Y sí, me refiero a lo que están pensando.


La casa tenía las luces apagadas, eran las 3 AM. Subí sigiloso las escaleras, apenas si se escuchaba mi respiración. Recorrí el largo pasillo hasta la puerta de su habitación, la cual estaba entre abierta. Estaba solo.

Me acosté a su lado, y me acerqué a su oído.


— Yabu —susurré mordiendo luego su oído.
— ¿Hikaru? —preguntó removiéndose entre las sábanas.
— Te extrañaba —lo miré un tanto cínico.
— ¿Uhm? ¿Si? —dijo restándole importancia a mi cariño como siempre.

Pero esta vez sería tan diferente.

— Siempre tan cariñoso —dije despectivamente.
— No empieces con los reclamos —dijo ofuscado.
— Bla bla bla —esa vez estaba enojado, demasiado enojado— Ya me cansé de ser la otra —escupí en su cara— Ya basta, no soporto más amarte y que me rechaces todo el tiempo —golpeé el respaldo de la cama— Intenté olvidarte y no pude, ya no más Kota —susurré— Ya no más —las lagrimas comenzaron a salir y ya era hora.


Tomé el cuchillo plateado y filoso de mi chaqueta y lo clave directo a su corazón, dio un respiro fuerte y un grito agudo, para luego dejar las respiraciones como parte del pasado.


— Te amo, y lo siento pero no podía soportarlo más —susurré para luego besar sus fríos labios.


Quité mi anillo y lo coloqué sobre su fría mano, cerrando su puño.


El tiempo ha pasado, 20 años de condena. ¿Y saben qué? No me interesa. De todas formas lo perdí. De todas formas jamás sería mío.

Y se siente dulce, realmente dulce.
Porque como él decía…


“La venganza es dulce”.







21 de marzo de 2012

Pictures [YumaShori / Drabble]

: sadsadda
: Nada D:
: asdsadas FAIL (?)





Nombre: Pictures
Autora: Uebo Hime
Pareja: YumaShori
Formato: Drabble (393 palabras)

Este fail (?) va dedicado a Carol~ Espero que este fail no sea tan fail (?) y que seas feliz con él (?).
Te quiero♥


PICTURES






Admiración era una palabra que no lograba llenar aquel sentimiento. Su corazón le decía que había algo más que hacía que se agitara, que se pusiese rojo y que las manos le temblaran aún si sólo pasaba por su lado. Había algo más, algo que lo hacía suspirar, lo hacía sonreír, morderse el labio. Algo le decía que estaba enamorado de su senpai.
Quizá todo había empezado como una simple admiración. Sin dudas en un principio quería ser como él, pero luego se sintió inhibido por el sentimiento. ¡Jamás podría ser tan sensacional como Yuma~senpai! Nunca. Y fue por eso que la admiración comenzó a pasar a ser ilusión y luego amor.
En su habitación tenía una carpeta llenas de fotos de él. Eran su preciado secreto, ni siquiera su madre sabía que esta carpeta existía. ¡Sería exagerado que un niño de 15 años tuviese una carpeta llenas de fotos de un senpai! ¡Nadie debía saberlo! No, no.

Suspiró cerrando aquella carpeta antes del show de Sexy Zone. Era su primer vivo como grupo oficial y los nervios lo carcomían. Había ido al baño solo para ver sus fotos y abrazar esa carpeta de plástico como pidiéndole aliento a su senpai y que nadie lo viese hacerlo.
Alguien entró y el aferró la carpeta contra su cuerpo.

— Yu-yu-yuma~senpai —murmuró atolondradamente el menor.
—- Shori~kun —le sonrió—, quería desearte… desearles suerte —le dijo con una sonrisa enorme.
— Ah~ Arigatou senpai —le dijo con una leve sonrisa y poniéndose rojo de repente.
                        
El mayor se acercó y dejó un pequeño beso en sus labios.
— Ganbatte Shori~kun —le susurró contra ellos y se separó.

Las manos le fallaron y la carpeta cayó al suelo, dejando caer todas las fotos que el menor tenía de su senpai.

— ¡AH! —se puso aún más rojo haciéndolo reír al mayor.
— ¡Tengo un stalker! —rió el mayor recogiendo las fotos y guardándolas— Quiero una copia de esta luego, he salido bien, ne? —le mostró una foto y la guardó— Suerte Shori~kun —lo guió hasta la salida al escenario y lo empujó hacia dentro del mismo manteniendo la carpeta con sus fotos en las manos— ¡Ganbatte kudasai! —le gritó y le sonrió enormente.

El menor asintió y dio todo de sí allí. Quería acabar pronto para ir a abrazar a senpai y poder poner una foto de ambos en ese álbum.

5 de marzo de 2012

Blood Diamond Capítulo 1 [InooDai / Trishot]

: Es cortísimo D:
: Zutto ~ Kamenashi Kazuya ♥
: En el comedor :3




Nombre: Blood Diamond
Autora: Uebo Hime
Pareja: InooDai
Formato: Introducción + Trishot

 Bien, me llevó mucho pero mucho tiempo. El trabajo me saca las ganas de escribir, me agota demasiado, pero bueno lo he intentado. Sé que es corto... gomen. Pero hice lo que pude D:



BLOOD DIAMOND 
CAPITULO 01


Aquella piedra preciosa había sido su gran tesoro durante sus 20 años de vida. Aquel cristal tenía marcado su destino en el interior.
Las siglas I. K., perfectamente legibles, estaban marcadas en rojo en el interior de aquel brilloso amuleto.

Su madre se lo había colgado en su cuello al nacer. Aquella piedra parecía inmensa comparada con el cuerpo de aquel bebé. Sin embargo la criatura no parecía quejarse de llevar en su pequeño cuello semejante peso.
Años pasaron y siguió manteniéndolo colgado allí, preguntándose para qué demonios allí su madre se lo había puesto, preguntándose por qué demonios no se lo dejaba quitar, y preguntándose qué demonios significaban aquellas siglas.

Ese amuleto resguardado cerca de su corazón significaba muchas cosas, lo sabía perfectamente, pero por más que lo intentara no podía ver con claridad su significado.

Según su abuelo, aquellas siglas eran su destino. Podría ser un destino bueno o un destino malo, pero si estaba allí era porque algo que lo cambiaría iba a suceder.
Su abuela afirmaba todo aquello que su abuelo decía, sin embargo aclaraba que aquellas siglas correspondían al nombre de la persona que más amaría o que más odiaría en su vida. Todo dependía de cómo él mismo quisiera mover las fichas de su propio destino.

Destino había sido completamente incierto hasta el día en que cumplió 20 años.

Aquel día despertó con un ardor en el pecho. No supo por qué, pero sintió que aquello significaba algo. Tomó el diamante entre sus dedos y sintió su pecho arder un poco más.
Ahí fue que se dio cuenta que algo pasaría y que sin duda tenía que ver con su destino. Transpiró su nuca… eso lo ponía demasiado nervioso. Realmente le intrigaba, pero al mismo tiempo lo asustaba. Sin dudas tenía mucho miedo de lo que pudiese pasar.
Quería saber quién sería su destino. Quien sería aquel que podría amar u odiar, que podía hacerlo feliz o bien podía lastimarlo y romper su futuro por completo.

Se levantó, tomó su ropa, se dirigió al baño y se dispuso a higienizarse y cambiarse.
Cuando terminó, sonrió mirándose al espejo, aunque sabía que algo sucedería y el miedo lo carcomiese, debía sonreír para enfrentar aquel suceso que lo estaba esperando.

A las dos horas se encontraba caminando por la calle dispuesto a ir a ese trabajo de medio tiempo que había encontrado. El hecho de que fuese su cumpleaños no significaba que faltaría al trabajo. Era demasiado responsable como para preferir la diversión y el relax antes que las obligaciones aunque fuese un estúpido pensamiento para alguien de su edad.

Pero así era él, bastante sumiso, perfeccionista, responsable, tranquilo, enamoradizo y soñador. Soñaba todas las noches con encontrar a una persona que lo hiciese feliz. Muchos chicos le habían gustado, el hecho de que le atrajeran los hombres no era una novedad ni siquiera para su familia, pero la verdad era que no había estado nunca con ninguno.

Simplemente esperaba a su príncipe azul, y por eso le daba miedo aquel diamante que colgaba de su pecho. Porque… ¿sería su príncipe aquél destino? ¿O sólo sería la persona que le cagaría la existencia?

Tembló inconscientemente al llegar al trabajo. Todos rodeaban en un círculo a un chico que tenía leves ondas en el cabello, y que sonreía tan hermosamente que el corazón se le detuvo.
La sensación de ardor en su pecho se volvió más profunda, y a esto se le sumaron los desmesurados latidos que golpeaban su pecho.

Aquel ardor volvió a golpearlo con fuerza cuando este giró sus ojos hacia él. Sus compañeros de trabajo se volvieron también hacia él y uno lo tomó del hombro para acercarlo al chico de cabellera ondeada.
Tragó inconscientemente haciendo notar su nuez de Adán con más claridad, y vio como esta persona se relamía los labios con sutileza.
Eso, hizo que su corazón casi estallara y se revolviese acalorado, casi como si hubiese corrido una maratón.

— Nee~ Dai~chan —lo miró su compañero—, él es Inoo Kei —le dijo—. Será nuestro compañero… seguramente atraerá muchas chicas a la cafetería —rió suavemente y él sólo pudo asentir con una sonrisa hasta que cayó en cuenta en un muy importante detalle.

“Inoo Kei”
“Inoo Kei”
“Inoo Kei”

Apretó aquel diamante con fuerza entre sus dedos de nuevo ante la mirada de su nuevo compañero quien solo sonreía.

“I.K.”
“I.K.”
“I.K.”

Repitió en su mente.
No había dudas: Él era su destino.

3 de febrero de 2012

Blood Diamond - Introducción [InooDai / Trishot]

: A punto de irme a la cama.
: Sadistic Love ~  KAT-TUN ♥
: En el comedor a oscuras (?





Nombre: Blood Diamond
Autora: Uebo Hime
Pareja: InooDai
Formato: Introducción + Trishot (al menos eso tengo pensado)


Bueno, por fin subo algo. Aunque no se emocionen mucho es apenas un apequeña introducción que no tiene más de 130 caracteres.
He consultado si subirla (porque eran muy pocos caracteres), y al principio ambas coincidieron en que debía escribir más. Sin embargo cuando se los hice leer, cambiaron de opinión.
Así que por eso lo estoy subiendo.
Agradecimientos entonces a ellas dos: Satommy & Senko; por su predisposición para ayudarme ♥



BLOOD DIAMOND
INTRODUCCIÓN





El cristal rodo entre sus dedos. Aquel pequeño pedazo de diamante, puntiagudo en los bordes, roto y sucio, pero tan preciado para él, rodaba y rodaba sobre aquellos largos dedos, sin parar.
Lo miraba fijamente, lo miraba pasear por su piel, lo miraba ensuciar sus manos. Lo miraba… lastimar su piel y teñir la misma de un color rojizo.

Una mueca. Una sonrisa.
Otra sonrisa. Otra mueca.
El dolor plasmado en su cara casi de la misma forma en que expresaba placer.

Un secreto guardado en aquel cristal. Un secreto que también se hallaba guardado en su pecho. Secreto que aferraba con sus manos.

Apoyó la mano contra el espejo y luego la quitó.
Una huella de sangre, proveniente de sus manos, sobre el espejo se dejaba leer: “Inoo Kei”.

15 de enero de 2012

Mamoritai Introducción [TakaChii / Serial]

: Dormida (?
: El teclado
: En la casa de mi besto ♥









Nombre: Mamoritai
Autora: Uebo Hime & YuukiNii
Pareja: TakaChii
Formato: Serial

Este es un fic hecho en conjunto con Yuuki~sama ♥ El primer capitulo lo hice yo, y ella lo ha corregido. El segundo lo hará ella, y el tercero yo, y así sucesivamente (: Serán todos subidos acá (:
Se lo dedico a Meli~ que sé que ama el TakaChii ♥

MAMORITAI
INTRODUCCIÓN




Su espalda estaba perfectamente apoyada contra la del mayor. Su piel rozaba la suya haciéndolo suspirar entre sueños.
Había terminado de hacer el amor hacía unas horas y ahora reposaban, descansando.
El menor se encontraba dormido mientras que el otro simplemente acariciaba sus cabellos tarareando una suave melodía, aquella que siempre lo lograba hacer dormir.
Todo era paz. Hacía mucho que no respiraba con tanta tranquilidad. Siempre estaba apresado por el miedo de que su padre lo descubriera.
Luego de que muriera su madre se sintió sólo y comenzó a buscar consuelo. Hasta que lo encontró a él, que logró curar sus heridas, y enamorarlo de tal forma en que no pudo separarse ni un minuto de sus besos, de sus caricias, de los roces de sus pieles, de su aliento chocar contra su oído al hacer el amor.
Pero respiraba una paz inmensa porque su padre había salido un mes para trabajar fuera de la ciudad y lo había dejado sólo. O eso pensaba el hombre de mediana edad que lo había protegido aún más desde la partida de su madre.

Pero… todo pasó tan rápido, que no le dio tiempo a reaccionar.
Su padre de repente tiraba de la cama a su novio y comenzaba a golpearlo sin compasión.
No sabía qué hacer. Titubeó en qué decirle. No entendía qué estaba pasando y tampoco quería hacerlo.
Simplemente veía como su padre golpeaba duramente al mayor y como de repente tomaba algo de su costado para darle con más fuerza.

Hasta que logró dejar escapar palabras.

— ¡Suéltalo por favor! —Le dijo el pequeño a su padre que no dejaba de golpear al chico de mayor edad con un bate de beisbol— ¡Papá! ¡Deja de pegarle! —suplicó entre medio de lágrimas pero su padre no dejaba de ejercer violencia sobre el castaño.
— ¡Eres un depravado! ¡Arrastrar a mi hijo a ese mundo perverso y horrible! ¡Ensuciar su cuerpo de aquella forma! ¡Mereces morir! ¡Maldito! —dijo el hombre mientras seguía con aquellos golpes que hacían gimotear de dolor al chico que los recibía.
— ¡Deja a Yuuyan! —gritó el pequeño tirando de los brazos de su padre para que se detuviera.
— ¿Yuuyan? ¿Así le dices en la cama? —le preguntó su padre mientras miraba el cuerpo desnudo del menor— ¿Así le dices mientras te pervierte?
— ¡Nadie me ha pervertido! ¡Nos amamos! —gritó el pequeño.
— ¡El amor no existe si no es entre hombre y mujer! —dijo su padre mirando feo a los ojos al “impuro” que golpeaba sin piedad.

Pero nada. Nada detuvo los golpes.
Salió corriendo por el pasillo de la casa. Desesperado al no saber que hacer para que se detuviera, sujetó fuertemente su cabeza mientras sus ojos tan abiertos como nunca lo habían estado miraban el piso, y arrugaba su frente cada vez que escuchaba como el bate daba contra el cuerpo.
Entró a la habitación de su padre y en un arranque de desesperación abrió un pequeño cajón. Cuando volvió sólo se escuchó el ensordecedor sonido del disparo de aquella arma.



¡Qué había hecho! No podía ser posible…



La secuencia de los hechos ocurrió lentamente frente a sus ojos. El bate fue lo primero que cayó a un costado del cuerpo de su novio, el tambaleante hombre volteó mirándole directamente a los ojos antes de caer al piso, saliendo un hilillo de sangre por su comisura izquierda. Borbotones de sangre comenzaron a salir por sobre y debajo del cuerpo, manchando el piso rápidamente.

Al menor le temblaron las manos.
El arma cayó también. Se miró las mano que antes sostenían el arma como intentando no creer en lo que ellas habían hecho, algo que ya no tenía vuelta atrás.
Impulsivo. Se sentía repugnante. Triste. Desesperó. Tenía miedo.
Cómo…. ¿cómo podía haber hecho algo así?



El sonido del disparo no dejaba de hacer eco en su cabeza.

Las lágrimas no caían. No podía soltarlas. Estaba en shock.
— P-papá —murmuró y en ese instante el mayor se levantó del piso, aunque le costaba moverse y estaba todo magullado, para abrazarlo a lo que el más chico se escondió en su cuello. Y ahí fue cuando ya no pudo más, estalló en llanto con las manos aún temblorosas en los brazos del mayor que lo arrullaban.
— Tranquilo —intentó hacer algo por él aunque sabía que no serviría. Luego de eso una idea loca pasó por su mente y no dudó en concretarla. Era lo mejor para él. No podía permitir que lo culparan. En lo absoluto Yuri podría sufrir de esa forma.

Se separó levemente ante la atenta mirada del menor que lo buscaba porque no quería separarse. Tomó un pañuelo de un cajón y tomó el arma con ella, limpiándola perfectamente. Dejó el arma a un lado y luego guardó aquel paño en su bolsillo. Tomó el arma entre sus manos con posición de disparo para que sus huellas quedaran marcadas en la misma.

En su mente sólo se repetía que lo mejor era alejar al menor de todo sufrimiento. Ya tenía demasiado con lo que seguramente se había arrepentido de hacer. Siempre tan impulsivo —pensó.

Lo acercó a la cama y lo sentó de espaldas al cadáver para tomar unos paños y limpiar su propio cuerpo de las manchas de sangre. Esos paños luego los tiró por el retrete del pequeño baño en la habitación del menor junto con el otro paño que se encontraba en su bolsillo.
Lo vistió con la ropa del día anterior y lo despeinó un poco. Se vistió él también y luego le habló:

— Yuri —murmuró y el menor lo miró aún en transe—. Llama a la policía —le dijo y el menor reflejó miedo en sus ojos—. Tranquilo, estarás bien —mostró una sonrisa tranquilizadora y lo tomó por los hombros para que tomara el teléfono y llamara—. Diles que lo han matado, por nada del mundo te eches la culpa, ¿de acuerdo?

El menor todavía tembloroso, marcó el número y esperó que atendieran, lo cual fue casi inmediatamente.
Su voz no salía pero el mayor lo empujó para que hablara.

— H-han ma-mata-do a mi pa-padre —gimoteó entre lágrimas. El mayor sonrió, tenía miedo. La voz del menor estaba impregnada en miedo.
— Yo te protegeré —le dijo al oído cuando cortó la comunicación—. Siempre —le dijo y se agachó quedando a su altura para mirarlo a aquellos ojos impregnados de tristeza y le besó los labios suavemente—. Debo irme, pero no te olvides de esto: volveré por ti —le sonrió levemente—. No te dejaré solo —besó su frente—. En cuanto pueda volveré y te seguiré protegiendo como ahora lo hago. Lo juro —le prometió tomando su meñique y el menor le dedicó una pequeña sonrisa, lo cual debido a la situación fue suficiente para él.

La sirena del coche de policía le anunciaron que era momento de irse. Besó una vez más sus labios en un beso casto y salió de la casa corriendo tan rápido como las piernas le dieron.
Tan rápido que pensó que moriría en el intento. Intentaría no ser atrapado. Debía volver con él así tuviese que estar prófugo por años.
Lo tomaría en brazos y escaparían juntos.
Como en esas películas que ambos tanto amaban y disfrutaban juntos las noches de invierno en su apartamento. Esas en las que al finalizar el menor se encontraba llorando, odiando que el prófugo nunca más pudiera ver a su amada y él lo consolaba diciéndole: “Tranquilo sólo es una película”. Tanto le gustaría poder decir ahora mismo aquellas palabras.
Pero se vio atrapado en una calle sin salida y no pudo más que suspirar resignado.
No tenía escapatoria. No era tan hábil como para saltar el muro que tenía enfrente y los policías estaban corriendo en dirección a allí.
Teniéndolo acorralado en minutos. Teniéndolo esposado a los instantes.
Teniéndolo preso de un asesinato que sólo se trataba de amor.

De protección.





11 de enero de 2012

Boys Don't Cry 1 [AKame + HSJ + Johnny's Jr.]

: Sueño~
: Another World ~ W-inds
: En mi calurosa habitación D:








Nombre: Boys Don't Cry
Autora: Uebo Hime :3
Pareja: AKame / RyoJin / TakaJima / InooDai / KikuJima / MoriMori.
Advertencias:  Yaoi, hétero, drogas, violencia familiar, violación, pedofilia, etc.
Formato: Serial
Advertencias del capítulo:Sé que es ilógico dar esta advertencia, cuando debería ser lo más normal, pero todas lo leen por el yaoi por lo que me veo con el derecho de advertir que este capitulo es lo más hétero del mundo. Sepan disculpar pero es necesario para el fic (:




Bueno acá empieza en sí la historia. Espero que la disfruten (:





CAPITULO 1
   “En aquel buzón ya no decía Akanishi; sino Kamenashi”





>> Japón

Por fin salía. Luego de 8 jodidos años rodeado de esa mierda. Pero la mierda, esa mierda, era su responsabilidad. Él estuvo ahí porque así lo quiso… En realidad no, pero intentar robar un banco no era precisamente el mejor camino para no terminar primero en una correccional de menores y luego en prisión.

Siempre había sido una persona independiente, quizá porque quien lo había cuidado en su niñez ya no estaba; y la persona que lo cuidaba no sabía su nombre —a pesar de que lo había procreado—.

Vivía viendo a aquella persona rodeado de botellas; y siempre que estás terminaban vacías, de igual forma el terminaba con la piel magullada por algún que otro golpe de quien no merecía ser llamado padre.

Comenzó a seguir los pasos de su progenitor.
Cuando ya beber no fue suficiente, le sumó la droga, la promiscuidad, la homosexualidad, y el hurto.

Si creyeron que su padre era un jodido desastre, él lo superaba ampliamente.

El ambiente en el que había convivido aquellos 8 años, había sido horrible:
Los últimos 2 años de su adolescencia, durmiendo en un colchón roto, sin sábanas, teniendo que cubrirse con sus propios brazos para resguardarse el frío invierno, habían sido lo peor.
Los siguientes 6… los había pasado más tranquilo. Se había superado, ya no sentía miedo. Debía cuidar su culo…; sobre todo porque consideraba que el mismo tenía dueño.

Salió del recinto aspirando el aire… Aunque era lo que menos deseaba aspirar en ese momento.


— ¡Libertad! ¡Qué fabuloso que es salir de esta mierda! —gritó estirando sus brazos para sentir la brisa en ellos.

Se puso a caminar con su pequeño bolso en la mano.
Mierda de pertenencias: una muda de ropa y su cajetilla de cigarros. Nada, absolutamente nada era lo que tenía.

Pensó en su dealer, su gran amigo Nishikido Ryo. No entendía cómo era posible que siendo traficante de drogas no lo hayan puesto en prisión… todavía.

Todos sabían que él era traficante. Todos sabían que en aquella zona el mandaba. La misma policía sabía dónde encontrarlo. ¿Por qué demonios decían que no había pruebas?

Aunque… debería de haber alguna razón.

Tan fácil no podía huir.

Iría en busca de él.
Necesitaba cocaína. La necesitaba más que a su hogar.

Hogar.

— ¡Já! —pensó— Sí, claro; “hogar”.

De todas formas debía ir. Aún tenía la esperanza de ser querido al menos un 0,01% de lo que su madre lo quería. Aún tenía la esperanza de que su padre tuviese al menos un sentimiento referido a él. Ya no importaba si era bueno o malo, pero… que se relacionara con él.

Suspiró. Debía ir.
Quería sentir que al menos algo le quedaba en esta vida.











—Ryu-chan, ¿crees que me irá bien en el examen de derecho? Porque no puedo perder el porcent… —Ryutaro lo interrumpió hablando calmadamente.
—Tranquilo genio. Siempre apruebas. No sé de qué te preocupas —rió.
—Es que —se fregó la cara—… Es solo que no puedo concentrarme al estudiar —lo miró con cara de preocupado.
— ¡Cambia esa cara! No pasará nada, solo siéntate escuchando música en un volumen bajo y relájate. Podrás estudiar, ya verás—le dio una palmadita en la espalda.

Kame lo miró ofuscado.

—Pero no sé —se rascó la cabeza—. Me siento nervioso. Siento que los problemas con Kyoko me están afectando —miró al techo preocupado.
—Mayonaka no kaubooi ni natte, kimi ni kimi ni tsutaetai…—Kame lo interrumpió.
— ¡Ryu-chan! ¡Te estoy hablando! —gritó enfadado.
—Bla, bla, bla… ¡Siempre es lo mismo! Ya déjala —dijo exaltado.
—Lo sé —lo miró— Pero no puedo dejarla. La amo —Ryutaro alzó una ceja—. Bueno está bien, solo la quiero —Ryutaro sonrió.
— Entonces no es tan difícil dejarla… ¡Además te ha engañado con tres hombres diferentes! —Kame bajó la cabeza.
— No me lo recuerdes… Me siento un estúpido de primera —pateó la silla que se encontraba a su lado.

Ryu-chan se acercó a él poniendo una mano en su hombro. Lo abrazó y le dio un beso en la frente. Quien los viera seguramente dudaría sobre si el más pequeño fuese el adulto en realidad.










Jin vagaba por las calles de lo que siempre fue su hogar, la Prefectura de Tokio.
En su mano derecha sostenía un cigarro que fumaba con necesidad, como lo había hecho estos últimos 2 meses en los que su proveedor de drogas en prisión, un tal Ryuuya, había salido en libertad.

— Estúpidos abogados. —pensó.

Había pensado en ir a ver a Nishikido. Pero decidió ir a su casa primero. La intriga lo estaba matando. ¿Lo recordaría? ¿Seguirían estando las fotos de su madre decorando la sala? ¿La guitarra que ella solía tocar? Su… vestido de bodas.
Esas cosas en las que se refugiaba, aún cuando estaba ahogado con su propio vómito.
Esas cosas que su madre nunca se hubiese permitido perder.

A los minutos el cigarro se había acabado y rápidamente sacó otro de la cajetilla para fumarlo suavemente. Necesitaba hacerlo durar lo más posible.

Llegó a lo que alguna vez fue su hogar. Miró el interior por las ventanas. Todo parecía tan cambiado. Nada parecía estar dónde él las recordaba.
Las fotografías ya no estaban allí.
Todo estaba pulcro. No había botellas, sin comida por el piso.

Había dos chicos, uno bastante más pequeño que el otro, sentados en un sillón.

Frunció el ceño. ¿Qué hacían estos chicos en su casa? ¿Dónde estaba su padre?
Todas sus preguntas se disiparon cuando vio que en aquel buzón ya no decía Akanishi; sino Kamenashi.

Su padre se había ido, por eso nunca iba a visitarlo. Lo había dejado solo, sin hogar, sin dinero. Sin absolutamente nada.
Nada más que su jodida vida, y la poca cordura que le quedaba.

Volvió a mirar el interior, los dos reían fuertemente. Aquella escena lo llenaba de repulsión, aunque claramente era envidia. Y de la mala. Odiaba a cualquier ser que fuese correspondido no sólo física, sino mentalmente. Fuese o no deseo carnal o romance. No importaba. Cualquier ser que fuese querido y respetado por otro, le generaba repulsión.
Porque él no tenía nada de eso.
Porque hacía mucho que nadie lo veía de ese modo.
Y dolía.
Ser fuerte no servía de nada, sino tenía nada a lo que aferrarse.


Jin decidió cambiar su rumbo. Deambuló hasta aquel callejón que se encontraba detrás de un viejo hotel, y allí vio a Ryo parado traficando con un chico de apenas 15 años, la edad que él tenía cuando lo conoció y le entregó su cuerpo por un poco de droga.

Recordaba como esa noche le había quitado la virginidad de una forma nada inocente, apoyándolo de espaldas a él en aquella pared sobre la que ahora se posaba mirándolo llegar con una sonrisa.
Le causaba nostalgia. Al menos en ese momento aún podía considerarse querido… aunque no fuese realmente así.

— ¡Jin! Que sorpresa, hace mucho que no te veo, pero tú sabes… Hay que protegerse —hizo una pausa breve y lo observó—. Veo que saliste —posó una mano en su hombro.
— Sí, entiendo.
— ¿Has venido por droga? —lo miró con una sonrisa.
— Sí, pero…. no tengo dinero —se mordió el labio.
— Bueno, pero eso tiene solución, ¿verdad Jin-kun? —lo miró pervertidamente.

Jin se acercó tímidamente.
En la cárcel muchos quisieron tener un polvo con él, pero él se negó. Nishikido fue el único que poseyó su cuerpo en carácter homosexual, desde sus 15 años, y por el momento no pensaba cambiar eso.
Él sería el único que podría hacerlo. Nadie lo tendría de la misma forma. Nunca.

Ryo lo besó fuertemente tomándolo por la cintura y apoyándolo de espaldas a la pared. Akanishi lo miró y se mordió el labio sonriendo. Cada movimiento que hacía, lo ponía aún más caliente. En el momento que vio su primera sonrisa, ya quiso que lo poseyera.

Pero, cuando iba a besarlo otra vez unas sirenas de policía resonaron cerca del lugar. Ryo salió corriendo. Akanishi lo siguió. No quería alejarse de nuevo. ¡Lo necesitaba! No quería estar solo una vez más.

Lo perdió de vista.

Pero no lo buscó, no podía darse el lujo de caer en prisión el mismo día en que había salido de ella. Caminó otra vez.
Ahora todo estaba oscuro y la noche había llegado.

Llegó a su antigua casa y miró hacia el interior. Los dos chicos miraban películas y reían tirándose palomitas de maíz.
Sonrió. Como le gustaría hacer esas cosas con Ryo. Pero él era un chico malo. Nunca sería así de común.
Suspiró. Debía dejar de querer así a Ryo, nunca dejaría de ser un polvo para él. Jamás dejaría todo por él. Jin parecía ser poca cosa para el traficante.

Fue hasta un bar. No tenía dinero para pagar, pero que importaba… Mai la dueña del local siempre estuvo caliente con él, así que un polvo sería suficiente para saldar su consumición.

Entró, todo estaba como lo recordaba.

Él iba allí con apenas 16 años, pero su aspecto de chico más grande hacía posible que le vendieran alcohol y por supuesto que Mai se le abalanzase con ganas de montarse sobre él, literalmente

Se acercó a la barra, allí se encontraba Mai secando unos vasos. Se sentó y le sonrió. Ella puso cara de depravada —como siempre— y se acercó mucho a él por encima de la mesada de madera mugrienta y gastada.

— ¡Hey! Hace años que no vienes por aquí —lo miró coquetamente.

Él la miro con una cara de repulsión bastante bien disimulada. Primero: Ella no era el tipo de chica lo que dice bonita; y segundo: No era hombre.

Lo miró sonriendo.

— ¿Qué quieres tomar Jin? —lo miró agarrando un vaso.
— Un Jack Daniels —la miró rascándose la cabeza—. Pero no tengo con que pagar, a menos que —se acercó a su oído—… quieras que a cambio te joda.

Mai lo miró con deseo.

— De acuerdo —dijo con voz sexy.

Jin rió. Espero su trago, que en apenas minutos estuvo a su lado. Tomó su Jack Daniels y así 7 u 8 más. Ahora no le daría demasiado asco joder con Marie.
Cuando terminó de beber era el único en el bar. Miró a Mai insinuante y le guiño el ojo. Esta se metió en una habitación y él fue tras ella.







Kame esperaba a Kyoko, sentado en el sillón. Este estaba nervioso, le diría que quería terminar la relación. Esperaba que las cosas fueran fáciles.

Miró el reloj. 19:30. Ya tendría que haber estado allí. Se retorció las manos nerviosamente y sonrió al recordar los besos de su chica. Los extrañaría, pero no valían la pena, ya que eran sin amor.

Miró el reloj otra vez. 19:31. El tiempo pasaba lento. Sonó el timbre.

Era ella.

Se levantó, abrió la puerta y la miro. Lucía hermosa como siempre. Le sonrió y ella le correspondió con una sonrisa radiante. La hizo pasar y cerró la puerta con cuidado.

De repente ella se abalanzó sobre él y lo besó de forma pasional. Él continuó el beso. No pudo negarse. Sería la última vez.

La chica quitó su camiseta quedando en sostén y volvió a besarlo. Kame le acarició los pechos por encima de la prenda que todavía poseía. Kyoko gimió bajito. Agudizó sus oídos… Le encantaba ese sonido.
Ella, por otro lado, desprendió uno a uno los botones de la camisa del chico, para luego besarle y morderle el pecho. Él lanzó un pequeño grito.
La chica desabrochó su sostén y acercó a Kame a su pecho haciendo que él comenzara a lamer y morder sus pezones. Kyoko lanzó pequeños gritos de placer. Ella despeinaba los cabellos del muchacho atrayéndolo más hacia su pecho.

Kyoko siempre manejaba la situación, ella era el hombre en la relación.


La muchacha desabrochó y quitó el pantalón de Kame en una sola maniobra. Buscó su boca y lo besó fuertemente. Se separó de él quitando su pantalón y corrió su ropa interior para proceder a meter dos de sus dedos en su interior. Con su otra mano llevó los dedos de Kame hacia allí y los reemplazó por los suyos haciendo que este los moviera rápidamente. Lo miró mientras lamía sus dedos provocativamente.

Gemía como loca.
Quitó los dedos de Kame de su cavidad y los lamió uno a uno.

Él buscó sus labios pero ella se corrió para bajarle el bóxer.

Se apoyó contra una pared y se subió sobre él enroscando sus piernas alrededor de su cintura. Kazuya entró en ella fuertemente haciendo que ella arqueara la espalda gimiendo con fuerza. Kame gimió al compás de ella moviéndose con rapidez.

Al cabo de un rato casi chillaban.

Se vinieron juntos gritando tanto como sus cuerdas vocales lo permitían.


Kazuya se deslizó con ella hasta el piso mientras sus respiraciones volvían a su normalidad.

— ¿Kazu? —lo miró.
— ¿Qué sucede nena? —le acarició la frente.
— Yo… Creo que —suspiró—… creo que lo nuestro debe terminar aquí —lo miró con pena.
— Lo sé —la besó suavemente en forma de despedida—. Lo sé.
— Bueno, entonces este fue nuestro… ¿adiós? —le sonrió.
— Sí, creo que fue la mejor forma de despedirnos —le sonrió.


Se abrazaron unos instantes. Kazuya sonrió, la chica había tenido el mismo propósito que él.

— Yo… Yo lo siento Kazu —bajó la cabeza—. Siento mucho no poder amarte.
— Está bien —le levantó el mentón—. Supongo que así debe ser.

Kyoko se levantó y se vistió ante la mirada de Kame. Él solo se colocó el bóxer y el pantalón. Cuando ella estuvo lista, la acompañó a la puerta despidiéndose con un pequeño abrazo.


Cerró la puerta y se recostó en el sillón quedándose profundamente dormido.

No negaba que iba a extrañarla, que la situación le dolía; pero ella no le hacía bien, sólo lograba hacerlo sentir más débil e inseguro.

3 de enero de 2012

Boys Don't Cry Prólogo [AKame + HSJ + Johnny's Jr.]

: Cansadita~
: Super Drive ~ Matsushita Yuya
: Al lado de la ventana *-*





Nombre: Boys Don't Cry
Autora: Uebo Hime :3
Pareja: AKame / RyoJin / TakaJima / InooDai / KikuJima / MoriMori.
Advertencias:  Yaoi, hétero, drogas, violencia familiar, violación, pedofilia, etc.
Formato: Serial

Espero que lo lean. Es un fic que como ya expliqué contiene muchos Johnny's distintos y espero que lo lean. Empezado en muchos lados pero no terminado. Espero que los que ya leyeron la versión sin editar la lean de nuevo (:



PRÓLOGO




Fuerte:
1. adjetivo. Que tiene fuerza y resistencia.
2. figurativo. Se aplica a la persona que tiene fuerza o ánimo para soportar y afrontar desgracias o situaciones difíciles.





Débil:
1. adjetivo. Deficiente en fuerza física o resistencia.
2. figurativo. Carente de fuerza, vigor o eficiencia en carácter, acción o expresión
.




Frágiles y duros a la vez, débiles y fuertes, ¿por qué no? Hay cosas que nos afectan más, que nos tocan la sensibilidad y otras que apenas nos afectan, bien por no importarnos bien porque aprendimos a hacerles frente y a no dejarnos hundir por ellas.
La opinión de los demás, el qué dirán es una de ellas. Claro que el comentario puede ser sobre cualquier cosa, desde nuestro pelo o nuestro comportamiento hasta lo bien que besamos o apoyamos a un amigo o amiga.
¿Por qué es frágil o débil una persona? Puede haber cientos de motivos. La baja autoestima, la inseguridad y la falta de confianza en uno mismo suelen estar presentes. Y ¿qué fomenta esa baja autoestima, inseguridad y falta de confianza? Generalmente el entorno y las vivencias personales.

Hay experiencias, dentro o fuera del entorno familiar, que pueden fomentar los tres motivos expuestos: las continuas exigencias sin reconocimiento alguno de lo que se hace bien; las burlas de compañeros y amigos, quizás unidas a un aislamiento por parte de los demás; abusos sexuales; malos tratos —físicos o psicológicos—.
La forma en que afectan a una persona puede variar dependiendo de la gravedad de los mismos, de la duración en el tiempo y de la propia persona que los sufre: si la baja autoestima y la inseguridad estaban ya presentes, afectará más.
Curiosamente y por lo general cuando una persona tiene inseguridad y desconfianza y cuando su autoestima es más baja de los saludable, los demás suelen advertirlo. “El miedo se huele”. Sí, debe de ser un instinto animal que aún no hemos perdido, o quizás sea un instinto social que hemos desarrollado al relacionarnos con otros humanos. La cuestión es que cuando un niño o un adolescente se muestra tímido y susceptible, otros niños o adolescentes, también susceptibles pero con una coraza de dureza, tienden a enfocar sus burlas, su frustración y enfado en esos otros que se muestran frágiles. También ocurre entre los adultos, no es sólo un mundo de colegio e institutos, sólo que los adultos suelen comportarse de un modo ligeramente distinto.
La inseguridad y la desconfianza suelen llevar a más inseguridad y más desconfianza en uno mismo, minando y disminuyendo día a día la autoestima. A menos que se le ponga freno. Cuando uno es joven, puede no darse cuenta; también cuando es mayor. Pero lo cierto es que el malestar va creciendo en el interior. Hasta que se busca un remedio.
Y el remedio es aprender:


“— ¿Quieres que aprendamos juntos?”

Dos hombres. Dos personalidades. Sus caminos se unen para ya nunca poder decir: Los hombres no lloran.

“Somos humanos. Sentimos, reímos, lloramos. Los sentimientos nos abundan, es por eso que quiero sentir, reír y llorar contigo.”



 
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